lunes, 28 de junio de 2010

HACER EL MAL

¿Ha pensado usted alguna vez en hacer el mal? Ojo, suponiendo que quien lea estas líneas sea una persona común, de las normalitas, o sea, una buena persona.

Ya le anticipo que si usted es Charles Manson u Osama Bin Laden y está empleando el traductor de Google, no tiene sentido que siga leyendo, tanto por lo malo del programita de marras como por lo malvado que es usted pedazo de cabrón.

Tendemos a pensar en el mal como un ente global que es llevado a cabo por gobiernos totalitarios o corruptos, organizaciones terroristas, grandes corporaciones, mafias y todo tipo de redes que atenten contra la libertad y derechos del individuo. Sin lugar a dudas es así, todos los mencionados son malos de cojones, incluída la Reina Sofía que desde que me enteré de que forma parte del club Bilderberg no puedo dejar de imaginármela conspirando, en su minuto de turno de palabra, acariciando un gatito y soltando una gran carcajada tenebrosa al final.

En el siguiente escalafón, a un nivel no organizativo, podriamos situar a todo tipo de zumbados e iluminados del que forman parte los psicópatas, violadores, etc. Un etcétera muy extenso por cierto, ya se lo digo yo, pero paso de extenderme.

Y es en este punto en el que vuelvo a la pregunta del inicio. ¿Ha pensado alguna vez en hacer el mal, “compulsivo” lector? Le digo lo de compulsivo porque tiene que serlo hasta la médula para perder su valioso tiempo leyendo esto. A la espera de su respuesta le diré que yo creo que sí, e incluso, en alguna ocasión, usted habrá cruzado esa línea que separa el bien del mal.

Paso a refrescarle la memoria: ¿Recuerda a ese funcionario que le trató tan mal que se imaginó a usted mismo enfundado en un pasamontañas y armado con un bate de béisbol acechándole a la salida en un callejón? ¿Recuerda al macarra que le quitó aquella plaza de aparcamiento derrapando a toda velocidad adelantándose a su lento manejo del volante que provocó en su mente la imagen de si mismo cual espadachín del Siglo de Oro dando cumplida cuenta de las cuatro ruedas de aquel Renault 5 copa turbo? ¿Y aquella vez que mordió la croqueta y la dejó de nuevo en una de las bandejas del bufet? ¿Y esa otra en que hurtó el catálogo Venca del buzón a su querida vecina? ¿No hubiese estrangulado con sus propias manos al grupo de niñatos que le jodieron aquella película francesa de arte y ensayo en sesión nocturna? ¿O el patético partido de futbito en que expresamente fue a romperle la pierna a su rival? … hay tantas y tantas.

Me despido de usted deseando que nunca haya ejercido el mal y que si ha pensado alguna vez en hacerlo no de el paso definitivo, ni haga daño a nadie, ni lo perjudique.

Vaya! Revisando este escrito, me doy cuenta de que es malo pero que muy malo y aun así lo voy a publicar en este blog. ¿De qué se sorprende? No he dicho que yo sea bueno.

domingo, 27 de junio de 2010

DOLOR


Me duelen las rodillas por estar sentado y la garganta si respiro por la boca. Me arde el estómago cuando digiero y el hígado no va cuando bebo lo que no debo. Me duelen las manos al cargar garrafas y la nariz al soportar las gafas. Duelen las promesas incumplidas, duele la distancia, duele la ignorancia, duele la arrogancia.

Me duele el alma, coño!